La Institución más recomendada por la Comunidad Medica
Fundación Manantiales es una Centro Internacional de Tratamiento de Adicciones, con sedes en la República Argentina, en la República Oriental del Uruguay, en Brasil y en España, dedicadas a la investigación, prevención y asistencia integral de las adicciones. Su prestigio, en el área de la salud, se debe a la permanente capacitación internacional y profesionalismo de su staff, logrando el índice de recuperación más alto de Hispanoamérica. Mantiene acuerdos de cooperación con las Naciones Unidas, OEA, OIT, UNESCO, entre otras.

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Prevención

Guía para padres

Pautas para el fortalecimiento familiar 
Todos sabemos que en la actualidad existe en nuestro país y en todo el mundo un grave problema: la drogadicción. A muchos de nosotros nos preocupa la forma en que puede afectar a nuestras familias. Como padres deseamos lo mejor para nuestros hijos: que crezcan sanos, felices y bien preparados para enfrentar los desafíos del futuro. Pero muchas veces nos sentimos impotentes para proteger a nuestra familia de la amenaza de la droga.
Formar una familia, criar y educar a nuestros hijos es una de las tareas más importantes y trascendentes que una persona puede desempeñar durante la vida, pero para las cuales existe escasa preparación formal. La mayoría de nosotros aprendemos a ser padres solamente a través de la experiencia y siguiendo el ejemplo que nos dieron nuestros padres, aunque algunos hagan justamente lo contrario, si no están de acuerdo con la educación recibida.
En la actualidad, el uso difundido de las drogas somete a nuestras familias a presiones desconocidas hace treinta o cuarenta años. Es importante que los padres de familia nos preparemos para hacer frente a este problema desde el seno de nuestro hogar. Esto concierne a familias que desean evitar la droga en su hogar, o bien a aquellas familias que han tenido un hijo con esta problemática y su meta es cambiar para ser un ámbito de mayor contención y soporte para un familiar recuperado.

Un poco de Historia 
Las familias han cambiado, hace tiempo atrás las relaciones entre padres e hijos eran muy rígidas y en estas no había espacio para la libre iniciativa y la creatividad. Los hijos eran tratados como pequeños adultos y eran objeto de castigos físicos, malos tratos y permanentes frustraciones sin tener en cuenta sus necesidades y derechos. Tampoco se consideraba la importancia de la comunicación y del afecto en el desarrollo de la personalidad sana.

Afortunadamente, con el advenimiento de las nuevas ciencias como la psicología, las relaciones entre padres e hijos fueron mejorando, a tal punto que, hoy en día un hombre puede demostrar afecto a su hijo sin que sea mal visto. Muchos de estos logros se los debemos al psicoanálisis que puso de manifiesto – entre otras cosas- que una persona está condicionada a ser feliz o enferma según la relación que sus padres hayan establecido con ella en su infancia.

La situación ha cambiado, hemos ganado un precioso terreno, pero lamentablemente llegamos a un polo opuesto creándose en algunos padres, una especie de contracultura de falsa libertad. Encontramos padres excesivamente permisivos que confunden amor con dejar al hijo hacer lo que quiera, sin ningún tipo de límites, sin darse cuenta que los límites correspondientes a la edad y a las necesidades de los hijos sirven para protegerlos. Algunos padres quieren educar a sus hijos sin frustraciones, haciendo que todo lo que vivan sea placer. Un joven así no podrá enfrentarse a la vida y sus realidades ya que en ésta siempre habrá frustraciones y optará por evadirse. También aquel joven que sólo reciba frustraciones será una persona frustrada, que seguramente optará por evadirse de esa realidad.

El amor y la frustración hacen crecer a una persona. Lo mismo pasa con los limites; si estos tienden a sobreproteger al hijo, lo ahogan y lo asfixian, convirtiéndolo en un persona dependiente. Es el caso típico de un joven de 18 años que no le permiten ir a bailar por miedo a que algo le suceda. Contrariamente, los padres que no ponen límites a sus hijos favorecen el desarrollo de una personalidad de características psicopáticas, y como la imagen de autoridad que no le fue transmitida en el hogar, es buscada a través de conductas transgresoras en autoridades sociales como la policía o el poder judicial.

La experiencia clínica nos muestra que los padres que no ponen limites lo hacen básicamente por tres razones:

1) Por miedo al rechazo por parte de los hijos.
2)Por miedo a ser anticuados.
3) Por comodidad, ya que es mas fácil decir siempre “si”.

Lo que la comunidad científica aprendió de la experiencia:


El trabajo a diario con jóvenes que sufren patologías adictivas como la drogadicción, nos muestra la dificultad de los padres para establecer límites a conductas inapropiadas previas a la adicción, cierto fracaso en el rol normativo. Los adictos por regla general, no son personas que tienen carencias afectivas sino más bien carencias de límites, es decir, en la incorporación de la norma.

Un país sin un código interno o constitución se transforma en una anarquía y por ende reina el caos. Lo mismo pasa con las familias. Aquellas que no tengan un sistema de normas (todas las familias las tienen explicita o implícitamente aunque no lo sepan) estarán condenadas al fracaso. Por eso es importante que nos demos cuenta cuáles son los principios, normas y reglas de nuestra casa que hemos ido comunicando verbal o no verbalmente (a través de actitudes) a nuestros hijos.

Acciones para el fortalecimiento familiar
Cada familia tiene expectativas de comportamientos determinadas por principios y normas que son los valores. A fin de aclarar los valores de su familia es importante que:

1) Los comuniquemos abiertamente para que nuestros hijos los conozcan. Hable acerca de por qué son importantes ciertos valores como la honestidad, la confianza en sí mismo y la responsabilidad, y la forma en que los valores ayudan a las personas a tomar decisiones acertadas. Enseñe a sus hijos que cada decisión se basa en decisiones anteriores y que una decisión acertada facilita la siguiente.

2) Reconozcamos que las acciones de los padres afectan al desarrollo de los valores de sus hijos, es decir, los chicos copian el comportamiento de sus padres. Por ejemplo: cuando los padres fuman es más probable que los hijos sean fumadores. Evalúe su propio uso del tabaco, del alcohol, de los medicamentos recetados y de las drogas de venta libre. Considere la forma en que sus actos y sus actitudes pueden estar influyendo las decisiones de sus hijos.
3) Cuídese de que sus actos coincidan con sus palabras.

4) Reconozca cuando se equivoca.

Queda clara nuestra responsabilidad como padres para establecer normas para protegerlos y que remitan a su bienestar, aunque muchas veces ellos no entiendan el porqué. Sin embargo, el establecimiento de normas es sólo la mitad de la tarea. Debemos estar preparados también para imponer castigos cuando las normas no se cumplen. Con este fin recomendamos:

1- Sea específico. Dígale a su hijo cuáles son las normas y qué comportamiento se espera. Converse con él sobre las consecuencias de la falta de cumplimiento de las normas: cuáles serán los castigos, en qué forma se aplicaran, cuánto tiempo representan y cuál es el propósito del castigo.

2- Actué coherentemente con su cónyuge. Póngase de acuerdo con respecto a las normas y castigos. Es muy negativo que un padre imponga un castigo y el otro no lo haga cumplir, o que el hijo se ampare en alguno de los padres para no cumplirlo.

3- Sea razonable. No agregue nuevas consecuencias que no hayan sido convenidas. Evite amenazas irreales como: “Tu padre te va a matar cuando vuelva a casa”, en cambio reaccione con calma y aplique el castigo que su hijo espera recibir.

4- Sea firme, respete su palabra.

5- Recuerde que los castigos tienen el propósito de servir como aprendizaje. Siempre un limite debe tener un por qué, que debe ser explicado a su hijo y este por qué debe remitir a su propio bienestar. Los castigos no deben ser físicos sino pérdidas de privilegios. Perderá privilegios más grandes cuanto mayor sea la norma transgredida.

6- Ejerza la autoridad de padre con amor. No se pegue al grupo de amigos “rejuveneciéndose” y siendo un amigo más.

7- Eduque a sus hijos ejercitando su autonomía. Jóvenes cuya autonomía ha sido desarrollada en el hogar a través del estímulo, el reconocimiento y el respeto de las buenas decisiones cotidianas, así como la reprobación de sus desaciertos, estarán mejor capacitados para enfrentar por sí mismos la abstención a las drogas. No haga las cosas por su hijo, enséñele a hacerlas y que él las haga por sí mismo. Hay dos formas de criar hijos inútiles: decírselo permanentemente hasta que crea que es verdad o bien hacer las cosas por él.

8- Comuníquese con su hijo. Sepa escucharlo, déle tiempo para conversar, apague la TV en las comidas y cuando conversan.

9- Sea siempre generoso con los elogios. Use la connotación positiva, si nuestro hijo tiene el pelo desprolijo y largo es mejor decirle “que bien que te quedaba el pelo corto” antes que decirle “que mal que te queda el pelo largo”.

10- Los jóvenes necesitan padres con firmes convicciones, que no sean despóticos ni injustos, que puedan reconocer sus errores y aprender de éstos.

Comunicarse con su Hijo

La comunicación es de vital importancia. Una familia que se comunica es una familia sana. He aquí algunas sugerencias básicas para comunicarse con su hijo:

- Aprenda a escuchar. 

- Preste atención sin interrumpir hasta que él termine de hablar. 

- Hago contacto visual con su hijo mirándolo a los ojos. 

- Preste atención al lenguaje corporal. 

- No siempre se necesita una respuesta magistral. Puede que no la sepa. El solo hecho de escucharlo y que pueda expresar lo que siente es liberador.


No existen vacunas contra la droga ni soluciones mágicas, solo los valores y normas familiares opuestos al uso de drogas, en combinación con un fuerte vinculo entre padres e hijos y una comunicación abierta, promoverán el desarrollo saludable y reducirán las posibilidades de que nuestros jóvenes recurran a las drogas.

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Conozca al Director General de Fundación Manantiales: Lic. Pablo Rossi

Pablo Rossi nació en Buenos Aires. Es licenciado en Psicología, experto en el tema drogas. Desde 1986 se dedica a la investigación y prevención del consumo de drogas y a la asistencia de adictos.



El licenciado Pablo Rossi ha visitado centros de rehabilitación en Europa, Estados Unidos y América Latina donde completó su formación, que incluye además: terapia familiar sistémica, psicodrama, Gestalt, análisis transaccional y terapia cognitivo conductual.

Dictó en la Universidad Católica Argentina (UCA) el seminario Abordajes actuales en drogodependencia. Fue distinguido con el diploma de honor del Frente Nacinoal de Lucha contra las Drogas de Caracas, Venezuela y con el premio al Mérito Oriental, entregado por el entonces vicepresidente de R.O. del Uruguay Dr. Hugo Batalla.

En 1997, el licenciado Pablo Rossi fue elegido como Consejero en Psicología del Menor de la Provincia de Buenos Aires. Ha dictado numerosas conferencias para informar y capacitar en el tema prevención y tratamiento de las adicciones a profesionales de la salud y docentes.

Desde 1993, el Lic. Pablo Rossi dirige la Fundación Manantiales, entidad de bien público con sedes en la Argentina, Brasil, Uruguay y España, orientada a la prevención y tratamiento de las adicciones. En los 20 años de trayectoria, más de 5 mil personas se han recuperado de su adicción en esta ONG.

Durante su trayectoria, Pablo Rossi publicó las drogas y los adolescentes (1996), Consideraciones acerca del diagnóstico y tratamiento por abuso de cocaína. Documento científico presentado en Porto Alegre, Brasil en el Congreso de Prevención de las Adicciones (1999), Guía para Padres: Pautas de Fortalecimiento Familiar Colección Psicología Actual (2004), Las adicciones socialmente permitidas (2008) y Conductas Tóxicas: Drogas y Nuevas Adicciones (2013).

Sitio web personal: Pablo Rossi

Puntos claves a la hora de hablar de adicciones

La drogadicción, drogodependencia o también llamada dependencia a sustancias psicoactivas es la imperiosa necesidad que una persona tiene por consumir bebidas con contenido alcohólico u otra clase de drogas (marihuana, cocaína, inhalantes, tranquilizantes, alucinógenos, etc.).

Esta necesidad no desaparece a pesar de que la persona consumidora o usuaria sufra las consecuencias negativas producidas al momento de consumirlas o después de dejar de usarlas. Por norma general, se trata más de una necesidad Psicológica que Física.

La adicción a las drogas

Una enfermedad primaria, progresiva y mortal: Vamos a analizar por partes este novedoso concepto.

Primaria

Muchas personas piensan que la adicción a las drogas aparece después o es consecuencia de algún problema como lo es alguna enfermedad mental, un “trauma” sufrido durante la niñez o cosas similares. Si así fuera diríamos entonces que es una enfermedad “secundaria”, esto es, que es una consecuencia directa de otro problema mental o emocional, o sea que primero apareció el problema mental y después, como resultado, vino la adicción a las drogas.

Esta es una idea algo anacrónica y no completamente cierta. La ciencia contemporánea ya corrigió este punto de vista. La realidad es que la adicción a las drogas puede padecerla cualquier persona, tenga o no tenga enfermedad mental alguna, y debe ser tratada primeramente, esto es: antes que cualquier otro problema mental o emocional y esto quiere decir sencillamente que la persona tiene que aceptar que está enfermo (a) y que debe abstenerse de seguir consumiendo drogas o alcohol, además de pedir ayuda a los expertos en la materia.

Algunos investigadores científicos afirman que es posible saber con mucho tiempo de anticipación si una persona va a ser adicta o no en alguna etapa de su vida. Estos eruditos aseguran que desde temprana edad un niño o niña se comporta de tal manera que se va preparando el terreno para que desarrolle la adicción a las drogas algunos años después. Ellos hablan de los niños que son muy nerviosos, hiperactivos e inestables.

Esta idea no es nueva. Pero también tenemos que decir que esos niños pueden cambiar su manera de comportarse al ser presionados por el medio familiar o social o, sencillamente, al llegar a la pubertad pueden sufrir cambios en su manera de ser que se deban más a las crisis propias de esta etapa de la vida y, por lo tanto, esa supuesta personalidad “preadictiva” (riesgo de convertirse en adictos) desaparece para siempre.

Desde otra perspectiva, algunos expertos afirman que los niños o niñas muy inseguros y que son extremadamente dependientes de alguno de sus padres, al llegar a determinada edad (pubertad o adolescencia) y para vencer esa inseguridad y lograr cierta autonomía respecto a su progenitores, usarán el alcohol o las drogas debido a que el efecto de estas sustancias les permitirá aumentar la seguridad personal y olvidarse de los lazos que los atan a sus padres. Este tipo de niños o niñas que padecen de inseguridad o dependencia emocional muy marcadas, al llegar a la pubertad pueden modificar sus sentimientos y convertirse en otro tipo de personas, y esto sin necesidad de recurrir a la adicción a las drogas, cualesquiera que estas sean.

Progresiva

Quiere decir simplemente que las cosas van a ir empeorándose cada vez más mientras la persona no se atienda. Muchos adictos, sus familiares, amigos o patrones piensan que con sostener una buena platicada con la persona problema, dándole algunos consejos o regaños, ésta va a dejar de consumir las drogas o de abusar de las bebidas alcohólicas y las cosas van a cambiar.

Desgraciadamente esto no es así con la adicción a las drogas se requiere de ayuda especializada.

Es muy probable que después de esa plática o serie de pláticas interesantes e intensas en las que se invirtieron tiempo, energías e inteligencia, tanto la persona adicta como el voluntario o voluntaria que se prestó para ayudar, salgan convencidos ambos de que algo bueno va a suceder próximamente, pero al cabo de pocos días u horas las cosas van a regresar a como estaban antes o peor.

Durante el período de abstinencia en el que la persona no se involucró con el uso del alcohol o las drogas, su deseo por hacerlo no disminuyó, por lo contrario se vio acrecentado y toda la energía contenida de ese deseo se desbocará a la hora de regresar a beber o a usar drogas.

Mortal

Esto parece fácil de entenderse: a medida que la persona adicta consume más drogas o alcohol, tiene más riesgo de morir por una sobredosis. Pero este punto no es el único que hace mortal a esta enfermedad. Hay otros muy importantes. También se puede morir en un accidente vial por ir manejando intoxicado(a) ; del mismo modo puede perderse la vida en algún pleito a golpes o por lesiones producidas por arma blanca o arma de fuego, situaciones que se presentan comúnmente cuando las personas se encuentran intoxicadas por elalcohol o las drogas, o incluso pueden morir al no ingerir alimentos o líquidos vitales ya que la mayoría de las drogas quitan el hambre y en ocasiones hasta la sed ; del mismo modo se puede sucumbir sencillamente porque mientras se abusa del alcohol o de las drogas se pierde el sentido de la vida y se llega al suicidio y esto es algo que le sucede a gran cantidad de alcohólicos y adictos ; finalmente se puede perecer por la sencilla razón de que a la mayoría de los adictos les resulta muy difícil parar de consumir el alcohol o drogas y esto va a provocar un deterioro progresivo de las funciones vitales del organismo hasta que este deje de funcionar.

A pesar de todo, esta enfermedad se puede tratar y detener atiempo. Hay mucha gente que lo está intentando con buenos resultados en la actualidad.

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¿Qué hace a los jóvenes fumar marihuana?

Los niños y los adolescentes empiezan a fumar marihuana por muchas razones, entre las más comunes, la curiosidad y el deseo de formar parte de un grupo social. Es un hecho que los jóvenes que ya fuman cigarrillos o beben alcohol corren un mayor riesgo de fumar marihuana.

Las investigaciones también sugieren que el uso del alcohol o las drogas entre los miembros de la familia es otro factor importante. Los padres, abuelos y hermanos mayores son modelos de conducta que los niños tienden a imitar.

Algunos jóvenes que usan drogas no tienen una buena relación con sus padres. Otros tienen amigos que usan drogas y los presionan a probarlas y usarlas. En otras palabras, todos los aspectos del medio en el que el niño se desenvuelve (la casa, la escuela, el vecindario) son determinantes del riesgo de que pruebe las drogas.

Los niños que fuman demasiada marihuana se pueden volver dependientes de ella y se les dificulta dejarla. Otros mencionan aspectos emocionales que les han llevado a usar las drogas, como la ansiedad, el enojo, la depresión, el aburrimiento y otros más. Sin embargo, el uso de la marihuana no es un método eficaz para enfrentar los problemas de la vida, y el drogarse es sólo una forma de evadir los problemas y los retos de crecer.

Los investigadores han encontrado que los niños y adolescentes (de ambos sexos) que sufren de abuso físico y sexual, corren más riesgo que el resto de la juventud de consumir marihuana y otras drogas, así como de comenzar a usarlas a edades más tempranas.

El 70% de los adictos a las drogas se inician con tabaco y alcohol

El cigarrillo y la bebida se denominan drogas sociales y suelen ser el origen de las adicciones más duras, según un informe del SEDRONAR

Siete de cada diez adictos a sustancias ilegales que recibieron tratamiento en centros de salud del país se iniciaron con el consumode tabaco y alcohol, dos "drogas sociales" que están en el ojo de las autoridades nacionales, que procuran combatir su consumo.

Los datos se desprenden de un informe difundido por el Area de Investigaciones de la Secretaría de Programación y Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico (SEDRONAR), que registra la historia de consumo de pacientes en tratamiento en centros de salud de la Argentina.

El estudio precisa también que más de 70 por ciento de los pacientes tratados por adicción no concluyó el nivel educativo medio, en tanto que la edad máxima de inicio de consumo de drogas es de 20 años, pero desciende hasta los 12 en caso de adictos que se iniciaron con solventes e inhalantes.

El objetivo del relevamiento del SEDRONAR, que se hizo entre 2003 y julio de 2004, es conocer las características de los sujetos que accedieron al tratamiento en centros hospitalarios y, aunque las personas encuestadas son más de tres mil, la muestra ponderada asciende hasta casi 150 mil individuos.

Las "drogas sociales" alcohol (38,1 por ciento) y tabaco (37,1) ocupan los primeros lugares como drogas de inicio en los adictos, destaca la investigación, un dato que no escapa a las autoridades del SEDRONAR.

"El alcohol es la puerta de ingreso a la droga", remarcó el titular del SEDRONAR, y advirtió que presentarán un proyecto de ley para incrementar la presión impositiva sobre las bebidas alcohólicas, las que tributan, por ejemplo "en el caso de la cerveza, sólo ocho por ciento más de impuestos que la leche".

La preocupación de las autoridades también se enfoca en las drogas de mayor daño, que según el relevamiento son el alcohol, el clorhidratode cocaína, la marihuana y los solventes.

Granero consideró que para contrarrestar el consumo debebidas alcohólicas en los jóvenes habría que regular las campañas de marketing de las empresas que venden este tipo de sustancias, y también sancionar al comerciante que se las facilita a los menores de edad.

En relación con este tipo de consumo, los pacientes que buscaron tratamiento por alcoholismo tienen más de 40 años, mientras que los que lo hicieron por marihuana, solventes, alucinógenos, cocaínas, tranquilizantes y estimulantes, son personas de 15 a 19 años.

La investigación del SEDRONAR destaca también que entre las "drogas ilegales" la marihuana (61,2 por ciento) encabeza la lista de primeros consumos o consumos iniciales, y es seguida por los solventes e inhalantes (14,2), cocaínas (11,6), y tranquilizantes, sedantes y depresivos (10,3).